Joanne Kathleen Rowling o mejor conocida como J.K.R vive en las afueras del Monte Codswold. En una gran casa de piedras, de puertas y ventanas de madera. Más alejada se encuentra una laguna que es atravesada por un puentecito. La mansión está rodeada de colinas y extensos bosques de coníferas. El paisaje es algo frio pero la casa está repleta de pequeñas macetas llena de flores de diversos colores. Estas les brindan cierta calidez.
Jo, como le gusta que la llamen sus amigos, tiene la mirada perdida y algo pensativa cuando se sienta en una mecedora en la puerta de su hogar. Observa algo ausente como juegan sus hijos más pequeños. Mackenzie Jean Murray de 9 y David Gordon Murray de 11. Ambos corretean entre la maleza y se suben a una casa en un árbol. Construida hace, ya varios años cuando su hija mayor, Jessica Isabel Arantes de 20, todavía era una niña.
Quien pudiera estar en la cabeza de aquella mujer, de grandes ojos azules y cabello rubio. Tiene una mirada penetrante que lleva cierta autoridad y respeto. Quien pudiera imaginar las diversas historias que en su mente ha de formar. Lo cierto es que ese paisaje que rodea a la escritora no está muy lejos de aquellos que pertenecen al reino del mago de lentes redondos y de cicatriz en la frente. “Su gran musa, claramente”, explica Diane Rowling, hermana de Jo.
Pero si bien esta casa fue una de las grandes inspiraciones para la escritora, no fue la primera, no fue la que le dio forma y vida al personaje de su vida. “Fue como un sueño”, cuenta Jo Rowling: “en un momento aparecí en el medio de un bosque y pude ver a un niño de ojos verdes y lentes redondos, tenía una herida en la frente en forma de rayo”. No sabe como pero cuando despertó estaba segura que se trataba de un mago y que debía ir a un colegio de magia y hechicería. Aquella vez se encontraba en un tren, viajaba desde Manchester hasta Londres.
Alrededor de las 11 de la mañana llega su esposo Neil Murray de 43 años. Toma una silla similar a la de su mujer y se sienta también a contemplar el panorama. No hablan, casi ni se miran y solo se sostiene de la mano. “Estos son los momentos en que sé que no la debo interrumpir”, confiesa Neil con cierta timidez: “Cuando se queda así, es porque alguna loca idea se le debe estar ocurriendo”. Jo solo sonríe y comparten una mirada cómplice.
Neil Murray, como bien opinan los fans de J.K.R, es un Harry Potter adulto. Tiene el cabello negro, ojos verdes y lentes. Se recibió de medico a los 26 años en la Universidad de Oxford. Conoció a Jo en el 2000, fueron presentados por una pareja amiga. Ambos habían estado casados anteriormente así que después de divorciarse, contrajeron matrimonio. “Fue en esta casa”, recuerda alegremente Neil: “Una ceremonia pequeña donde solo estaban nuestros padres y hermanos, y Jessica”.
En aquel momento ambos observan como sus hijos juegan con una pelota. Mackenzie lleva un gorro de bruja y mientras corre se lo sujeta fuertemente para que no se le caiga. La niña tiene los ojos azules y el cabello oscuro, como su padre, recogido en una trenza que ya está casi desecha y enmarañada. David por otro lado era el vivo reflejo de su madre. Rubio, de ojos penetrantes y gestos autoritarios.
Alrededor de las 4 de la tarde llega la hermana menor de Jo, Dianne Rowling. Una mujer alta y delgada de pelo y ojos oscuros. El viento en las colinas de Codswold torna el ambiente más frío y es imposible permanecer en las afueras de la mansión. De modo que Lily, una empleada de la casa se dispone a preparar el té para ambas mujeres.
“Jo siempre llevó en las venas eso de ser escritora”, cuenta Dianne y recuerda que cuando ambas eran pequeñas jugaban en el patio de su casa a que eran brujas, con un vecino que se llamaba Ian Potter. “Siempre con nombres raros inventaba hechizos”.
La casa de Joanne Kathleen Rowling lleva impregnada su esencia o la esencia de sus libros. Esta tiene un porte antiguo con muebles de épocas pasadas. En las repisas que decoran el living estan repletas de retratos donde se la puede ver con su familia en distintas partes del mundo. Hay una que llama un poco más la atención. Una fotografía vieja, casi amarillenta donde se encuentran ella y un muchacho pelirrojo. Llevaban el típico uniforme ingles de secundaria. Pollera y saco bordo ella y pantalón y saco él.
-¿Quién es? –pregunto.
-Mi mejor amigo de la secundaria. –explica con nostalgia –Después de que mi madre se enfermó, él fue un gran apoyo para mí.
-¿Y qué pasó son él?
-Hasta lo que sé se casó y tuvo muchos hijos.
La infancia de Jo fue una infancia como cualquier otra. Nació el 31 de julio de 1965 en Yate, Gloucestershire, Inglaterra. La familia estaba compuesta por cuatro integrantes Peter James Rowling y Anne Volant los padres de Joanne y Dianne. En lo referido a su educación algunos de sus profesores cuentan que la escritora era buena alumna pero un poco dispersa. Por aquel entonces todo marchaba muy bien hasta que a su madre le diagnosticaron Esclerosis Múltiple. “A partir de allí comenzó a ser muy duro para todos nosotros pero en especial para ella”, recuerda con cierta amargura Dianne.
El 31 de diciembre del 1992 falleció Anne Volant, después de luchar 10 largos años. “Nunca le pude contar el sueño sobre Harry Potter”. Aquellos fueron momentos muy difíciles, ya que su madre representaba un gran apoyo cuando todos se burlaban de sus extrañas ideas y de su increíble imaginación.
En varias ocasiones la escritora había sufrido la indiferencia o el maltrato por parte de sus compañeros y profesores cuando se encontraba en la escuela. Lo cierto era que siempre se sentaba última en la clase y concentraba gran parte de su tiempo en dibujar dragones, inmensos castillos y diferentes criaturas mágicas. “Una vez una de sus compañeras la golpeo en uno de los pasillos del colegio y fue entonces que conoció a Percy Jones quien la ayudó en aquel momento”, explica Dianne refiriéndose al muchacho pelirrojo del retrato.
Ahora Jo nuevamente parece ensimismada mientras Lily y su hermana comentan alegremente las noticias del día. Suena el teléfono y es la primera en correr para llegar a él rápidamente. Es su hija mayor Jessica Isabel Arante, fruto de su primer matrimonio. La joven actualmente se encuentra estudiando en Oxford por lo que no ve a su familia a diario. A Jo mientras habla se la nota alegre, un poco efusiva mientras le cuenta los detalles más importantes de la semana. Luego se oyen largos silencios donde es a la escritora a quien le toca escuchar la rutina de su hija.
-Después de hablar con Jess se pone algo melancólica –explica Niel que acaba de llegar con los dos niños de dar un paseo por los alrededores de la mansión –Luego se encierra su “santuario y pasa horas escribiendo.
Efectivamente cuando cuelga el teléfono se dirige a su “santuario”, como llaman todos a la habitación de Jo. Un territorio completamente personal, es el corazón de la escritora. Un cuarto amplio, con grandes ventanales que muestran una imagen panorámica del paisaje que rodea la casa. Las estanterías de libros rodeaban todo el lugar. Algunos de filosofía, que están en latín y griego. También se encuentran allí todo tipos de clásicos desde “La Iliada”, “La divina comedia”, algunos de Shakespeare y hasta la trilogía “El Señor de Los Anillos”.
En las repisas hay toda clase de objetos que puestos allí en su conjunto parecen un manojo de cosas sin sentido. Una bola de nieve, varios relojes de arena, un péndulo de newton, miniaturas de metal de la torre Eiffel, el Big Ben, la torre de Pizza y el Partenón. Algunas de las paredes también mostraban diferentes pinturas de diversos estilos, como “La Madonna Sixtina” de Rafael, “Flora” de Rembrandt y “Las meninas” de Velázquez. Daban la impresión que en cualquier momento cobrarían vida.
Entonces Jo se sienta en su escritorio. Observa a su alrededor con orgullo y mira embelesada algo que saca de su escritorio. Un objeto conocido, un especie de collar que lo hace girar entre sus dedos y ríe divertida.
-De todas las cosas que aparecen en el mundo de Harry este es mi preferido. –dice mientras juguetea con el “Giratiempo” un amuleto que aparece en la saga del mago para poder retroceder en el tiempo.
¿Por qué? –pregunto.
-A quien no le gustaría arreglar tantas cosas. – ríe mientras lo gira tres veces – Es una lástima que no lo sepa usar.